No hemos podido resistir sumarnos a las ovaciones a Paul McCartney, que a sus 83 años ha firmado uno de los mejores álbumes de su carrera solista: se llama The Boys of Dungeon Lane, ha sido una de las mejores sorpresas que nos ha dado en muchos años y, además, es de esas obras que mejora en cada escucha. Es un disco ambicioso, de tono melancólico, en el que abundan las piezas sencillas y bonitas que a él le salen muy fáciles y en realidad no lo son. Algunas austeras, con pocos instrumentos (voz, guitarra y poco más), al estilo de la inolvidable Blackbird, como este primer adelanto que es delicioso: Days We Left Behind. Esa contención se ve interrumpida por arrebatos rockeros (Lost Horizon, Come Inside), bonitas armonías vocales (Home to Us, luego volvemos a esta) y cambios de ritmo (As You Lie There) que te levantan de la silla, marca de la casa. Por supuesto, abunda un sonido muy Beatle, pero nadie tiene más derecho que él a revisitar su legado.
Hay además una colaboración con Ringo Starr, en una pieza de las más energéticas y beatlianas que es la citada Home to Us. El bueno de Ringo no solo toca la batería (muy reconocible), sino que une su voz a la de Paul (es la primera vez que lo hacen fuera de los Beatles) y a las de dos ilustres cantantes: Chrissie Hynde (The Pretenders) y Sharleen Spiteri (Texas). Un resultado más que satisfactorio.
