No hemos podido resistir sumarnos a las ovaciones a Paul McCartney, que a sus 83 años ha firmado uno de los mejores álbumes de su carrera solista: se llama The Boys of Dungeon Lane, ha sido una de las mejores sorpresas que nos ha dado en muchos años y, además, es de esas obras que mejora en cada escucha. Es un disco ambicioso, de tono melancólico, en el que abundan las piezas sencillas y bonitas que a él le salen muy fáciles y en realidad no lo son. Algunas austeras, con pocos instrumentos (voz, guitarra y poco más), al estilo de la inolvidable Blackbird, como este primer adelanto que es delicioso: Days We Left Behind. Esa contención se ve interrumpida por arrebatos rockeros (Lost Horizon, Come Inside), bonitas armonías vocales (Home to Us, luego volvemos a esta) y cambios de ritmo (As You Lie There) que te levantan de la silla, marca de la casa. Por supuesto, abunda un sonido muy Beatle, pero nadie tiene más derecho que él a revisitar su legado.
Hay además una colaboración con Ringo Starr, en una pieza de las más energéticas y beatlianas que es la citada Home to Us. El bueno de Ringo no solo toca la batería (muy reconocible), sino que une su voz a la de Paul (es la primera vez que lo hacen fuera de los Beatles) y a las de dos ilustres cantantes: Chrissie Hynde (The Pretenders) y Sharleen Spiteri (Texas). Un resultado más que satisfactorio.
En este disco hay algunas pieza (como Mountain Top) que nos remiten al mayor genio que se ha ocupado de un estudio de grabación: George Martin, al que consideramos sin discusión el quinto Beatle. Porque hay ecos con las innovaciones que marcaron Revolver o Rubber Soul. Pero Martin murió en 2016, y aunque su hijo se esmera, lo suyo es irrepetible. El disco ha sido producido por otro tipo genial pero no tan conocido: Andrew Watt, quien también tiene una historia que merece contarse. Elton John le dijo a McCartney: “Paul, tienes que trabajar con Andy”. Es un joven (35 años) músico multinstrumentista (que tocó la guitarra en la banda de Justin Beaber) y también está detrás del último disco de los Rolling Stones. Ha escrito Carlos Marcos: "¿Por qué los viejos rockeros están grabando sus mejores discos en muchos años? Por este tipo de pelo rubio platino".
No nos cansamos de escuchar este disco una y otra vez. ¿Seguirá McCartney regalándonos discos tan excelentes? Tiene una edad, cualquier obra puede ser la última, y de serlo esta, deja el listón muy alto. De voz anda más justo, claro, pero la tiene bien entrenada y tira de oficio. Y su talento como compositor no se apaga. Larga vida al genio Paul.

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