lunes, 13 de julio de 2026

Blues Cazorla 2026: aquí el blues se respira, se suda, se vive y se baila


Cartel de primera fila, con grandes figuras internacionales. Pero sobre todo una atmósfera especial, un pueblo (no pequeño: 7.000 vecinos) entregado al blues como si estuviéramos en el Delta del Misisipi. Inolvidable asistir a una lección de blues a la armónica de Charlie Musselwhite; tremenda Carolyn Wonderland a la voz y a la guitarra, incluida su lap steel guitar; muy convincentes dos veteranos: John Primer y Walter Trout. Divertidísimos Take Me To The River, un combo de Nueva Orleans que recupera todos sus sonidos y crea mucho jolgorio. Muy habilidoso Eric Johnson, aunque era el menos pegado al género dominante; menudo vozarrón el de Sugaray Rayford. Un pianista de 11 años, Anthonash, que nos dejó boquiabiertos. En la madrugada, heavy blues: el de GA-20 nos despertó a todos, como la última noche, casi mañana, hizo Ghalia Volt.


Y, sobre todo, Cazorla. El pueblo vive muy intensamente el festival Blues Cazorla 2026, que ha cumplido su 30ª edición. "En los conciertos de pago (los de la noche) dominan los de mediana edad, canas al aire corriéndose una juerga como las de sus mejores años. Pero no es así en las actuaciones de la plaza del pueblo, también multitudinarias: aquí los niños, los jóvenes y muchos de los mayores se disparan pistolas de agua o se bañan en las fuentes para soportar los 37 grados del mediodía sin dejar de bailar. Porque el blues, aquí, se baila. Se suda. Se vive", escribe Ricardo de Querol en El País. "En cada rincón se escuchan notas por doquier (¿suena Johnny Winter en esta tienda?, ¿reconoces la canción que tocan estos tipos en bañador en un portal?)". Y un atractivo muy especial: además del programa oficial (extensísimo: de 12 del mediodía a 5 de la mañana), que se reparte entre la plaza de Santa María, el auditorio y la plaza de toros, los músicos de blues toman las terrazas de los bares, o el interior, a cualquier hora. 

Mirad en este vídeo el ambientazo que había en una terraza de la plaza con este Blues de la aceituna, que tiene un sabor muy de aquella tierra.


Ha sido mágico lo de Cazorla. El paraíso de los blueseros, que no somos tan pocos como se dice. Era nuestra primera vez y nos ha generado adicción. Esperadnos en 2027.

Lee aquí el artículo completo en El País.

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