sábado, 29 de junio de 2019

Santana, Buika y África se lo merecen: una bendita descarga de magia y rock tropical


Reaparece Carlos Santana, el muy influyente guitarrista que siempre ha buscado buenas voces a su lado. Y la elegida esta vez es la de Concha Buika. No es tan conocida en su tierra como se merece: resulta que es una de las cantantes más internacionales de España, más reconocida en el mundo anglosajón y latinoamericano. Nos sorprenden con un disco con mucha magia y muy tropical, no sabemos si tan africano como dice su título, luego lo explicamos mejor. Vamos con un anticipo y lo contamos todo.



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Mallorquina de padres guineanos, criada en el flamenco, Buika tiene una voz poderosa, tiene ritmo y tiene carisma. Del flamenco fue arrimándose a otras músicas, del jazz a los ritmos afrocaribeños, que no son estilos tan alejados entre sí realidad, y en Cuba grabó con Chucho Valdés, mítico pianista hijo de otro mítico pianista. Habitual en la gala de los Grammy (nominada dos veces en 2008, ganadora en 2009 con El último trago, el disco con Baldés, en la categoría de música tradicional tropical), es una de las pocas españolas (junto con Rosalía) que ha salido en el programa de Jools Holland de la BBC (aquí el video, de 2013). Ha puesto música en ka película de Almodóvar La piel que habito, ha actuado con el mito del jazz Chick Corea. No se le hacía mucho caso por aquí pero llenaba los aforos en EE UU, así que se ha quedado a vivir en Miami. Aquí un pedazo bolero que interpreta con Chucho Valdés.




Santana ha hecho con Buika un disco llamado, de forma un poco tramposa, Africa Speaks. Porque pretende ser un homenaje a la música africana, pero en realidad lo hace a las dos orillas tropicales del Atlántico, y con guiños a las músicas españolas también. Lo que nos remite a esa entonces inédita mezcla de rock progresivo y músicas latinas que impulsaron a Santana en los últimos 60 y primeros 70, con álbumes como Abraxas y temas como el Oye cómo va, o el Jingo, o el Soul Sacrifice que sonó en Woodstock. Adelantado a su tiempo, Santana hacía World Music, o mestizaje, cuando nadie lo llamaba así (muchos menos se decía esa cosa absurda de la apropiación cultural). Ya os contamos el disfrute que tuvimos con Santana en Londres, donde compartió escenario con Eric Clapton.
Santana, pues, es un mito del rock en mayúsculas, y en particular el padre del rock latino que tantas alegrías ha dado en décadas siguientes a los dos lados del charco. Carlos Humberto Santana Barragán es mexicano de Jalisco, instalado desde bien joven en California. Pero sus infuencias musicales, más que en su México natal, se adivinan en Cuba y en Brasil, o en Jamaica y en Haití. Y, por lo tanto, hunde sus raíces en África, como las tienen las músicas negras y mestizas del trópico americano.



Asi entendemos este disco, que nos devuelve al Santana más tropical con la voz de Buika, buen fichaje, sí señor. Lo reconocía así en esta entrevista en El País: “Buika es un espíritu sagrado, divino y brujo. Una mezcla de inocencia y hechizos. Cuando escuchas su voz, oyes a Nina Simone, a Tina Turner o Aretha Franklin. Oyes las voces de todas las damas de la canción a las que has amado en tu vida, y a la vez suena de un modo genuino. Concentra el absoluto de todas ellas. Y no tiene ningún miedo. Trajo a este trabajo todo lo que ella es, incluido un flamenco futurista que es algo muy serio. Estoy agradecido de que Dios nos la enviara”, cuenta el músico.
En el New York Times también lo ponen por las nubes: al fin Santana encuentra una voz a su altura, dicen. Y cuentan que cuando un empleado de Santana llamó a la mallorquina, esta pensó que se la invitaría a cantar una o dos canciones, lo habitual con Santana desde los tiempos de Supernatural. Sin embargo, acabaron gestando por completo el disco, componiendo juntos. Sin embargo, no van a salir de gira juntos, porque Buika tiene la suya propia. El resultado, dice el cronista, es que mientras Santana hace sus abrasivos punteos de guitarra,"la voz de Buika lleva los tensos e intrincados arabescos y la pasión desgarradora del flamenco hasta las cumbres".
Entonces, ¿esto es África? No tanto, pero... Que nadie olvide que toda la música negra viene de la música que se llevaron de África los esclavos que poblaron América. No se entiende el son cubano sin África, por ejemplo, como tampoco se entendería sin la rumba, porque en las músicas populares del siglo XX hubo muchos viajes de ida y vuelta entre Europa, África y América. Sin eso no se entiende la salsa, ni la samba, ni la cumbia, ni el mambo. Ni, ya puestos, el jazz, el blues o el rock. Así que África no es solo la cuna de la humanidad: también lo es de las músicas dominantes en este último siglo. Nuestra canción favorita de este disco es Yo me lo merezco, un lema que suena muy sincero en la voz de Buika. Porque ella se lo merece. Y Santana se merecía una cantante como ella. Ojalá dure mucho el idilio. África, por cierto, también se lo merecía: debe ser señalada y reverenciada como la madre de tantas músicas. Todos somos África. Feliz verano.


1 comentario:

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