No se esforzaron mucho los Beatles en hacer publicidad a su ciudad natal. La palabra Liverpool no se pronuncia en sus canciones, ni abundan las referencias a los lugares de infancia. Dado el vuelo que cogieron sus letras con los años, tampoco hacían falta guiños provincianos a los vecinos. Pero John y Paul quisieron, en su mejor momento creativo, inspirarse en sitios de su niñez. Y estas dos notables excepciones son las que inspiran este último capítulo de nuestro recorrido por la orilla del río Mersey. Los resultados son dos temas inmortales que se corresponden con dos lugares mágicos: PennyLane y StrawberryField, sí, sin la ese final. Estuvimos allí.
Por qué les dio esa nostalgia cuando estaban en la cumbre es más que comprensible, una señal de madurez. Eligieron lugares muy significativos. Vamos a verlo.
En nuestro periplo por Liverpool era un punto clave Mathew Street, convertida en una especie de parque temático para beatlemaniacos como nosotros. Nos gustó aunque sepamos de sobra que la actual ubicación del mítico The Cavern no es la original, aunque esté a muy pocos metros. No, no tocaron los Beatles en lo que hoy es The Cavern (pub y club, uno enfrente del otro). En estos ladrillos figuran los nombres de otros grandes que pasaron por aquí antes de 1973, cuando cerró el original, o a partir de 1984, cuando abrió el actual: Stones, Queen, Who, Clapton, Oasis... Los ladrillos de The Cavern (recuperados de las ruinas) presumen de grandes nombres, porque no solo de Beatles vive el formidable rock inglés.
El encuentro de John y Paul fue una de esas casualidades que escriben la historia, un golpe de azar que cambió la música para siempre. Hemos peregrinado a Liverpool para visitar los lugares y encontrar sus huellas. John había formado en 1957, con 16 añitos, una banda con compañeros del colegio a la que llamó The Quarrymen, por el nombre de su colegio. Ninguno de los primeros compañeros de John en esta banda (Eric Griffiths, Pete Shotton, Bill Smith) ha dejado huella, pero seguro que tuvieron algo fascinante que contar a sus nietos. Hubo un lugar y un momento en que John encontró a Paul. Luego Paul trajo a George, luego entró Stu Sutcliffe, quien sugirió cambiar el nombre, y tiempo después Pete Best... Luego pasaron muchas cosas, pero para entender cómo se llegó a esta constelación de talento, vayamos un poco atrás.
Gracias a las líneas low cost, nos hemos permitido el capricho de fin de curso de visitar nuestra soñada Liverpool, ciudad por la que nunca nos habíamos acercado y que nos gustó, con ese aire marinero, industrial y a ratos provinciano de la Inglaterra que inventó el tren y la máquina de vapor, que colonizó el mundo y que resistió a los nazis. La visita a los sitios de los Beatles (que en taxis bien especializados como Fab Four Tour dura unas tres horas) nos interesó más de lo que esperábamos, en algún momento hasta nos emocionó. Lo desglosaremos en cuatro tomas porque da para mucho lo que hicimos en tres horas con un muy erudito y amable guía llamado Alexander. Qué tarde la de aquel día. (El de la foto es John de niño, por cierto).
Al grano. En esta maternidad de Oxford Street nació John Winston (por Churchill, sí) Lennon el 9 de octubre de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. No es cierto que en ese momento estuviera cayendo un bombardeo nazi, con lo que el propio John había bromeado, pero sí los hubo en torno a esas fechas.
A falta de museos del rock, los restaurantes Hard Rock Cafe reúnen un montón de buenos recuerdos de los más grandes. Pero lo del restaurante situado en Times Square, la plaza que llaman el centro del universo, ubicado en el antiguo teatro Paramount, a los pies del edificio del The New York Times, impacta a cualquiera. La entrada ya está presidida por el vestuario que los cuatro fabulosos utilizaron en su histórico concierto del Shea Stadium, en Nueva York, considerada la primera actuación de rock en un gran estadio, un evento convertido en inicio de un fenómeno de masas. Podéis comprobar la magia de ese día en este vídeo de I'm down, el cierre del espectáculo, en el que un John gamberro se parte de risa y toca el teclado con los codos.
Fue el 15 de agosto de 1965 y la ciudad lo recuerda como uno de sus mejores momentos a pesar de que los Beatles no quedaron nada satisfechos del sonido que lograban hacer oír en medio del griterío de 55.000 fans. El gesto de John al tocar con los codos, dicen, se burlaba de que nadie podía escuchar la música. Iban a verles. Y a chillar.
En Hard Rock, junto a sus trajes y sus mochilas de aquella noche, está también el bajo con el que tocó Paul aquella noche, firmado en 1990, junto a otro objeto de culto: la guitarra que utilizó George para su Concierto por Bangladesh.
Todas las portadas de la discografía oficial de los Beatles están allí firmadas por los cuatro, varios de sus instrumentos, una puerta de los estudios Abbey Road, velas en recuerdo de John y documentos históricos como la carta que envió Paul al conocer su asesinato, con borrones y tachaduras. Dice: "Anoche, en los estudios de Londres, Paul McCartney dijo que se sentía conmocionado por la trágica muerte de John Lennon en Nueva York. John era un gran hombre al que el mundo echará tristemente de menos por su contribución a la música y a la paz mundial".
No todo es Beatles, claro. En ese glorioso recinto, cuando era un teatro, tocó el rey Elvis y aún podemos ver el traje que vestía aquella noche. Guitarras fabricadas artesanalmente con cualquier caja por Bo Didley, o las de doble mástil que tocaban los Zeppelin, letras manuscritas de Hendrix, la máscara de la película The Wall, dibujos de Jim Morrison o las chupas de los Ramones son otros de los tesoros que guarda este fascinante restaurante. Igual si nos leen este post la próxima vez nos invitan a algo. Larga vida al rock and roll.
Volvemos de nuestro periplo por Estados Unidos impactados por el buen gusto rocanrrolero y por el culto generalizado a los Beatles, que es especial en la ciudad de Nueva York, entregada al recuerdo de uno de sus vecinos más ilustres: John Winston Lennon. Fue asesinado a la entrada del edificio Dakota, un elegante y lujoso edificio de apartamentos con vistas a Central Park, en el que también han vivido Lauren Bacall, Leonard Berstein o Boris Karloff, y donde se filmó la inquietante película La semilla del diablo. Un lugar al que peregrinamos en masa sus admiradores y donde sigue residiendo Yoko Ono. John fue tiroteado en este portal por el demente Mark David Chapman, un fan transtornado que llegó a creer que el beatle controlaba su vida. Muchos fans pasaron la noche en vela llorando y cantando sus canciones frente a la casa en el parque, en un lugar hoy conocido como Strawberry Fields, donde un mosaico hecho con piedras de Pompeya reza: "Imagine". Alguien dejó encima un corazón rojo cuando estuvimos, y nadie se atrevió a quitarlo. Un patoso guitarrista empañó el momento emotivo al empecinarse en tocar piezas de Paul toda la tarde.
El rostro de John se ve por todas partes en Nueva York, en camisetas y souvenirs, su música suena en las radios, sus discos aún se encuentran (¡y en vinilo!) en las tiendas. Uno de los más grandes neoyorquinos aunque fuera un inglés de Liverpool, instalado definitivamente en la ciudad de los rascacielos en los primeros 70 para huir de los Beatles. Allí rehizo su vida, y allí quiso vivir como un amo de casa con Yoko y Sean hasta que en 1980 reaparecía con Double Fantasy, el glorioso disco editado poco antes de su muerte y que nos anticipaba la nueva etapa de un John maduro y feliz que este crimen incomprensible nos robó.
Para recordar al mejor John neoyorquino recuperamos este New York City en directo en el Madison Square Garden, en el que pregunta en español: "¿Qué pasa, New York?" Pues lo que pasa que Nueva York recordará siempre a su gran vecino John.
Aquí estamos con nuestro blog sobre los Beatles, los 60 y la buena música de todos los tiempos. Esta familia melómana quiere compartir con vosotros la banda sonora de nuestras vidas. Nuestros hijos nos están creciendo según nos acompañan en este viaje a la década prodigiosa en la que nacieron sus padres y de la que nunca despertaremos.
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