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jueves, 27 de diciembre de 2018
Roger Waters, activista en Madrid: "Trump es un cerdo". Nuestras tres noches para la historia con Pink Floyd
No nos habíamos olvidado de vosotros, no. Continuamos nuestro repaso a los mejores conciertos de lo que llevamos de año. Uno muy especial: Jueves 24 de mayo de este año 2018. Wizink Center, antiguo Palacio de los Deportes, en Madrid. Roger Waters en su gira 'Us and Them', que desde su nombre mismo se agarra sin disimulo al fabuloso repertorio de Pink Floyd. Es normal: fue tan grande esa obra que ninguna carrera en solitario posterior (discreta por lo demás) podía eclipsarla. Como esperábamos, predominó el cancionero de una banda fundamental en la historia del rock, dominadora de un sonido perfecto en la ejecución y producción, complejo, ambicioso, con una pretensión artística muy por encima de la mayoría de éxitos del pop.
Pero esta noche no fue solo una vuelta al pasado. Oímos y disfrutamos de los temas emblemáticos de Pink Floyd, aunque entre ellos se eligieron los que son más propios de Waters antes que los que tienen más huella de los otros miembros.
El montaje estaba bien pensado aunque no tan apabullante como en otras ocasiones (como el de The Wall en 2011): esta vez, durante la segunda mitad del concierto, presidía el pabellón la enorme reproducción de la Battersea Power Station, esa fábrica con enormes chimeneas en el extrarradio de Londres que hemos visto más de una vez desde el tren del aeropuerto de Gatwick, y que es portada del disco Animals. Eso sí, los mensajes pacifistas y sociales de la banda, que en su día eran oscuros y enigmáticos, se pusieron al día hasta convertirse en rabiosamente actuales. Y, desde luego, obvios, directos.
Mientras sonaba Pigs, los lemas que leíamos en la fábrica de luz no dejaban margen para la interpretación: "Trump es un cerdo", se leía en perfecto español y enormes caracteres. Y, a continuación, el lema Resist. Hubo para otras causas además del peligroso presidente de EE UU: defensa de los refugiados, críticas al capitalismo que se había derrumbado en 2008, y hasta desfilaron por las pantallas las imágenes de líderes políticos de ayer y hoy, de Reagan y Thatcher a Berlusconi, Theresa May... y hasta Mariano Rajoy, por entonces en sus últimos días (sin saberlo) porque en pocos días lo desalojaría de La Moncloa una moción de censura.
Aprovecharemos este post para repasar nuestros dos anteriores encuentros con lo que ha pervivido de Pink Floyd, la banda de la que Waters fue fundador y que lideró (tras la caída del ídolo Syd Barret, el diamante loco, en 1968, aquí se cuenta todo eso) hasta la ruptura de la formación más emblemática en 1983. Mientras desarrollamos esto, este vídeo resume lo mejor de lo mejor de esta noche en el Palacio con Roger Waters, figura clave de la historia de la música que hace muy bien en reivindicar su legado.
jueves, 24 de noviembre de 2016
Adiós a un grande: el último viaje de Paul Simon triunfa en Madrid (no comparen con Dylan)
Era una de las poquísimas grandes estrellas que nos quedaban por ver (de las que podemos ver vivas, para Elvis tendremos que esperar la máquina del tiempo). Paul Simon, el talento creador y la voz grave de Simon & Gartfunkel, el hombre que nos descubrió África para la World music en los ochenta, reaparecido ahora con un disco meritorio, recorre el globo con la que, avisa, puede ser su última gira mundial. Normal, que este señor del folk cumple los 75 años y no es plan estar todo el día en la carretera o en los aeropuertos. Así que era una ocasión histórica. Hacía 25 años que no paraba en España. Lo hizo: pudimos disfrutar de un trabajadísimo concierto en el BarclaysCard Center (preferimos llamarlo el Palacio de los Deportes) el pasado 18 de noviembre.
Simon lleva tiempo fuera de los focos, pero es una figura clave del siglo XX, a la altura de muy pocos (en lo suyo, Dylan y poco más). Su voz ya no está para excesos, y tiene que bajar algunos tonos las canciones que entonaba con Gartfunkel, pero es un profesional como la copa de un pino. Banda solvente, con nueve músicos, que añade gotas de africanismo a algunos de sus temas que no los tenían originalmente. Repertorio bien elegido, de menos a más. Final soberbio (¡diez bises en cuatro regresos al escenario!) repleto de clásicos. Dejó un gran sabor de boca. Y la experiencia de habernos encontrado, por fin, con alguien que, escribe Fernando Neira, "es un veterano divino, uno de esos escasos seres humanos que sobrevivirá a la ignominia del olvido". Iremos viendo algunos vídeos, algunos piratillas (lo que duren en Youtube, ya sabéis cómo es esto) como el anterior de The Boxer, y algunos de mejor calidad, como este, de esta misma gira pero en Austin, del africano y muy bailable You Can Call Me Al. Y entre uno y otro comentamos lo que vivimos en Madrid.
La gente quiere mucho a Paul Simon. Como cuenta Ulises Fuente en La Razón, "pertenece a esa mitad educada, culta y respetuosa de esos Estados Unidos partidos en dos hoy en día". Cierto: en una entrevista previa con Fernando Navarro en El País el músico había dejado claro su disgusto con la victoria de Donald Trump. "Temo las consecuencias de su elección. Respeto a quienes le han votado, pero solo veo en él un tipo autoritario, sin escrúpulos a la hora de mirar a su país y al mundo. La pregunta es: ¿qué nos pasa como país?". Nos esperábamos una reflexión así de alguien tan comprometido. Pero vayamos con el concierto y su contexto.
Simon lleva tiempo fuera de los focos, pero es una figura clave del siglo XX, a la altura de muy pocos (en lo suyo, Dylan y poco más). Su voz ya no está para excesos, y tiene que bajar algunos tonos las canciones que entonaba con Gartfunkel, pero es un profesional como la copa de un pino. Banda solvente, con nueve músicos, que añade gotas de africanismo a algunos de sus temas que no los tenían originalmente. Repertorio bien elegido, de menos a más. Final soberbio (¡diez bises en cuatro regresos al escenario!) repleto de clásicos. Dejó un gran sabor de boca. Y la experiencia de habernos encontrado, por fin, con alguien que, escribe Fernando Neira, "es un veterano divino, uno de esos escasos seres humanos que sobrevivirá a la ignominia del olvido". Iremos viendo algunos vídeos, algunos piratillas (lo que duren en Youtube, ya sabéis cómo es esto) como el anterior de The Boxer, y algunos de mejor calidad, como este, de esta misma gira pero en Austin, del africano y muy bailable You Can Call Me Al. Y entre uno y otro comentamos lo que vivimos en Madrid.
La gente quiere mucho a Paul Simon. Como cuenta Ulises Fuente en La Razón, "pertenece a esa mitad educada, culta y respetuosa de esos Estados Unidos partidos en dos hoy en día". Cierto: en una entrevista previa con Fernando Navarro en El País el músico había dejado claro su disgusto con la victoria de Donald Trump. "Temo las consecuencias de su elección. Respeto a quienes le han votado, pero solo veo en él un tipo autoritario, sin escrúpulos a la hora de mirar a su país y al mundo. La pregunta es: ¿qué nos pasa como país?". Nos esperábamos una reflexión así de alguien tan comprometido. Pero vayamos con el concierto y su contexto.
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