lunes, 31 de marzo de 2014

Diez macroconciertos del rock de estadio por un mundo mejor

El rock no se pensó para los estadios de fútbol, sino para las tabernas, los tugurios, cavernas cargadas de humo y sudor. Así era en sus orígenes afroamericanos, pero en la segunda mitad de los años sesenta el género captó a audiencias tan masivas que se abrió a los grandes espacios. Los Beatles habían llenado en 1965 el Shea Stadium neoyorquino (55.000 personas, y eso que no se aprovechó el césped, lo que dejaba un abismo entre músicos y público). No fue un gran concierto, según quienes lo dieron, pero abrió camino. No muy lejos de allí, cuatro años después, una multitud cifrada en centenares de miles desbordaba el festival de Woodstock, en un descampado al que los músicos tenían que llegar en helicóptero. Fue una conmoción. La isla de Wight acogió al año siguiente la réplica británica. A partir de ahí, bandas como Led Zeppelin, Queen o los Rolling Stones concebían sus directos con la contundencia y espectacularidad que exige una masa de decenas de miles de espectadores; línea que continuarían después Bruce Springsteen, U2, AC/DC o Gun N' Roses. Riffs que cortan, frases para corear, fuegos y luces. Emoción. Comunión. Sentirse parte de algo grande.
Al rock de estadio le puede acompañar o no un propósito solidario. Un George Harrison recién emancipado de los Beatles lideró el primer festival benéfico, en auxilio de Bangladesh. Pero el momento que marcó un antes y un después fue, en 1985, Live Aid, que dio con la fórmula: un macroconcierto simultáneo en Reino Unido y EE UU, televisado en directo a todo el mundo, diez horas con figuras de primera fila. Lo organizó el músico y actor Bob Geldof (será más recordado como activista) con el objetivo de combatir la hambruna en Etiopía. ¿Y sirvió para eso?...
(Lee aquí el artículo completo en El País)

martes, 11 de febrero de 2014

Descubrimiento: Foxygen es una batidora de psicodelia sesentera

Seguimos descubriendo nuevas bandas, nuevos sonidos. Nos cuenta Jot Down que se lleva el pop psicodélico, en un reportaje llamado Los nietos de los Beatles, de lo que nosotros venimos hablando un tiempo, al menos desde que irrumpió Tame Impala. Ahora nos hemos encontrado con Foxygen, un grupo que hace un batido de influencias de los últimos sesenta. Así que a veces suena muy Beatle, a veces muy Stones, a veces Doors o a los Pink Floyd de Syd Barret. Sonidos a veces lisérgicos, pero estribillos muy tarareables, con la inocencia del pop de aquellos años dorados a pesar de todos los vicios. Solo algún guiño al reagge suena posterior a 1970, y no tanto.
Sus referencias no son nada disimuladas, lo que a veces los coloca en la fina línea entre las influencias y la imitación, entre el homenaje y el plagio. En medio de melodías muy brillantes, a ratos uno cree estar escuchando Under my thumb, Simpathy for the devil, Killing me softly with this song, Suspicious mind o Ryders on the storm. Dicho esto, su tributo es sincero, y se esmeran en crear un sonido de los que llenan, absorbente y evocador, logradas atmósferas mágicas con esos teclados, y algunos coros emocionantes y falsetes muy glam. Que alguna de las piezas valiera como banda sonora de alguna película de suecas en España o para la sala de espera de un destista de la época no le quita valor: así éramos.
El carismático líder de la banda es Sam France, un veinteañero que se ha estudiado a fondo la obra de sus mayores. Su single más conocido, de 2013, es este No destruction. Yo lo oigo como si los primeros Stones y Dylan hubieran participado en Rubber soul.



De Foxygen no hay tanta obra publicada, apenas un LP y un EP, y en Wikipedia ocupan pocas líneas en inglés, lo que hoy en día dice mucho de la movilización de tus aficionados. Son una banda de Agoura Hills, entre Los Ángeles y Ventura, al sur de California. Sin embargo, estos angelinos cantan mucho a San Francisco, que era y es la capital hippy de la costa Oeste (y quizás del planeta).

viernes, 31 de enero de 2014

Los Beatles que habrían sido en los 70 y otras críticas de sus discos

Le ha dado a El País por vender discos de los Beatles, que ya los teníamos, faltaría más, pero agradecemos a ese periódico que fomente la escucha de su magnífica obra por nuevas generaciones, o su repaso por quien los conocía pero no tenía su colección para empaparse de ella. Con este motivo, con cada entrega se ha publicado una crítica de cada disco, y aquí recopilamos las de Ricardo de Querol, que ya sabéis que tengo debilidad por él. Son seis críticas que ahí van:

 “El éxito es maravilloso, pero muy, muy cansado”. Lo decía George Martin, el productor de los Beatles, para describir la espiral en que había caído la banda en 1964, apenas dos años después de su primer éxito. (...) Es un álbum apresurado, sí, pero interesante que nos muestra a unos Beatles en transición, que están cerrando una etapa para abrir otra. Se gestó en las carreteras y los aeropuertos justo cuando se empapaban de otras formas de entender la música. Es el final de los desenfadados Beatles juveniles... (lee aquí el artículo completo).


Rubber soul: la primera cumbre
En otoño de 1965, a su regreso de una agotadora gira por Europa y Estados Unidos, los Beatles tenían poco tiempo para tener listo un disco para Navidad. La presión de una Beatlemanía insaciable, el frenético ritmo que imponía la industria, no era el mejor modo de conseguir una obra maestra. Sin embargo, Rubber soul es uno de los mejores discos de su carrera, el más perfecto que habían hecho hasta ese momento. El álbum muestra a unos Beatles maduros que toman el control de su sonido y de su carrera. Ya no explotan el pop fresco y encantador, pero intrascendente, de sus inicios. Como se apuntaba ya en Help!, sus inquietudes son otras (lee aquí el artículo completo).

Magical Mystery Tour: delicioso postre de la psicodelia
En 1967 estaban pasando cosas difíciles de asimilar incluso para una banda como The Beatles, que habían llegado a la cima y encadenado varias obras maestras en apenas cinco años desde su primer éxito. Componían a destajo: de las sesiones de Sgt. Pepper's se descartó material valiosísimo, parte del cual fue saliendo en forma de single. Los Beatles tenían montones de buenas canciones y ganas de seguir experimentando. El resultado fue Magical Mystery Tour (lee aquí el artículo completo).


Let it be: los Beatles que habrían sido en los 70
Es chocante recordar ahora que el último disco publicado por los Beatles iba a llamarse Get back (Vuelve) y que no estaba pensado para ser el final, sino el principio de una nueva etapa. Los Beatles de los años setenta iban a volver a salir de gira, después de tres años retirados de los escenarios. Ese era el plan de Paul McCartney, que entonces llevaba las riendas del grupo. Pero no hubo Beatles ya en los setenta. (...) Es un álbum especial y extraño, porque es la obra de una banda en descomposición y se percibe esa tensión, pero está lleno de grandes canciones e incluye uno de los momentos clave de la historia del rock: el concierto (cinco canciones, 42 minutos) en la azotea de las oficinas de Apple en Londres el 30 de enero de 1969 (lee aquí el artículo completo).

Past Masters: lo que faltaba de los Beatles
¿Creía usted que tenía la discografía completa de los Beatles con los 13 álbumes que editaron en el Reino Unido entre 1962 y 1970? Entonces no tiene Hey Jude. Fue uno de los intentos más serios de Paul McCartney, en un momento de máxima autoexigencia, de crear la canción perfecta. (...) Hey Jude, de 1968, es un emocionante himno de siete minutos cuya coda (el nanananá) aún corea de forma insistente el público de los conciertos de McCartney. Es discutible que supere a Yesterday, pero igualmente figura entre las mejores canciones de la historia. Como tantas maravillas de los Beatles, no entró en ninguno de sus LP y solo salió como single (fue el primero bajo el sello Apple). El fecundo talento de Lennon y McCartney desbordaba el ritmo de dos LP al año que imponía el negocio. El doble CD Past masters recuperó en 1988 esos sencillos, los EP y algunas rarezas para completar la discografía oficial de la banda (lee aquí el artículo completo).

Love: la última frontera, el circo
Hasta muchas décadas después de rota la banda en 1970 no fue posible la primera remezcla autorizada de su material. Y se hizo para abrir una nueva frontera para la música de la banda: el circo. ¿O deberíamos decir el teatro? Las dos cosas: el Circo del Sol. Love es una muy novedosa mirada actual a las canciones de los Beatles en las manos del productor de casi todos sus álbumes, George Martin, junto a su hijo Giles. Ambos consiguieron, tras tres años de trabajo, crear un paisaje sonoro de hora y media sin apenas interrupción (la del descanso), que va ensamblando y modificando algunas de sus canciones más memorables para el ambicioso espectáculo que el Circo del Sol estrenó en 2006, y continúa representando con éxito, en Las Vegas. Es música pensada para un sonido envolvente y al servicio de un bello espectáculo... (lee aquí el artículo completo)

Puedes leer aquí las 17 críticas de los 17 álbumes de los Beatles en El País.

lunes, 30 de diciembre de 2013

'Little talks', yo te declaro canción del año 2013



Es tiempo de balances. Sabéis que 2013 ha sido un año intenso en lo musical: hemos descubierto bandas muy interesantes, hemos presenciado grandes conciertos, hemos comprobado el resurgir del rock y hemos celebrado el medio siglo Beatle. Para empezar nuestro balance vamos a proclamar nuestra canción del año, porque nos emocionó este verano. Es este Little talks, de la banda islandesa Of Monsters and Men, representantes de ese nuevo folk que ha sido uno de los fenómenos de la temporada. En este vídeo los vemos en el festival de Glastonbury, que también ha sido sin duda el evento del año. Si no os pegaba de nosotros esta elección es que nos habéis leído poco. Pero, por supuesto, había otros candidatos potentes que irán saliendo en este blog (de forma caótica y desordenada, no somos tan metódicos para hacer ahora una lista).
Amigos de este blog que estáis ahí al otro lado de los cables en cualquier punto del globo: os deseamos para 2014 la misma felicidad que a nosotros nos proporciona la buena música. Que es muchísima.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Arctic Monkeys, el genio y la chulería

Son la banda de rock del momento, pero como son unos jovenzuelos queda la esperanza de que aún no hayan dado lo mejor de sí mismos. Arctic Monkeys, cuatro chicos ingleses de Sheffield, fueron una fulgurante revelación en 2005 con un rabioso rock juvenil, y su forma de salir al mercado se consideró un ejemplo para la industria del siglo XXI. Era el primer grupo MySpace, se dijo entonces, porque movieron masivamente su material en las redes sociales (y de mano en mano) antes de batir récords de ventas al editar Whatever people say I am, that's what I'm not. Pero la historia del rock está llena de bandas que subieron tan rápido como cayeron en el olvido después; desde luego, este no es el caso.
El quinto álbum de Arctic Monkeys, llamado simplemente por sus iniciales AM, es el mejor del panorama internacional en este año 2013, según buena parte de la crítica y, ahora también, según el veredicto de los participantes en la encuesta que ha realizado EL PAÍS en su página web. El disco obtuvo el voto del 17,79% de los casi 2.000 participantes entre 20 candidatos seleccionados (Reflektor, de Arcade Fire, y The next day, de David Bowie, fueron segundo y tercero).



AM es un álbum redondo, que mantiene un nivel muy alto en sus doce temas y demuestra el punto de madurez alcanzado por la banda. El grupo cuenta con un líder con el carisma que siempre se exigió a las grandes estrellas del rock. Alex Turner lo tiene todo a sus 27 años: un gran talento compositor, una voz seductora, habilidad con la guitarra y, de forma muy acusada, presencia en el escenario. Pose de dandi, tupé y peine en el bolsillo, guiños a las chicas. Un artista de magnética chulería. Un músico enorme.
(Lee el artículo completo en El País)


jueves, 21 de noviembre de 2013

Paul McCartney, cantante callejero en Times Square

Os tenemos un poco abandonados, pero nos estamos dedicando a agregar buenas historias de la prensa, que tampoco está mal, cosas de la vida, que no nos da para todo. Ya sabéis que los Beatles les daba por tocar en el tejado... Ahora a Paul McCartney le dio por tocar cuatro canciones de su nuevo álbum, New, en Times Square, el centro del universo como lo llaman los neoyorquinos y lugar que nos encanta visitar. El bueno de Paul avisó con poca antelación vía Twitter, según nos cuenta esta crónica en The Beatles Bible, página que consultamos a menudo y recomendamos. El nuevo disco de McCartney, hay que decirlo, nos ha dejado muy buena impresión, con varias piezas que nos remiten al Paul veinteañero que brillaba junto a John, George y Ringo. Hala: a disfrutar de este improvisado concierto callejero de un grande entre los grandes. El más grande que nos queda.


martes, 29 de octubre de 2013

Las etapas de The Beatles (y 6): los Beatles después de los Beatles

La ruptura de The Beatles no pareció sorprender a ninguno de sus miembros. Cuando se hacía el anuncio oficial, el 10 de abril de 1970, los cuatro tenían un álbum casi listo para publicar. Y querían impresionar: Paul tocaba todos los intrumentos en su disco; George estaba tan desbordante que el suyo era triple; Ringo se atrevía con el jazz y John acentuaba su compromiso político junto a Yoko. En los años siguientes trabajaron a un ritmo frenético de discos y giras; después echarían el freno con la excepción del estajanovista McCartney, que no se ha tomado pausa alguna.
La obra de los Beatles por separado tiene episodios muy brillantes, pero sin tanta magia, sobre todo sin esa regularidad en la excelencia que habían tenido como banda entre 1962 y 1969. Aún así los cuatro consiguieron números uno con frecuencia y dejaron canciones memorables. Además, se quitaron la espina de volver a actuar en directo, costumbre que mantienen Paul y Ringo, los supervivientes.
La idea de un reencuentro rondaba a los fans y a muchos directivos de la industria, pero nunca se tomó en serio por los protagonistas, al menos en vida de John.
Ringo es el único que no dejó de colaborar con los otros tres. Es solo una curiosidad que, en marzo del 1974, Lennon y McCartney se unieran en una improvisada jam session con Stevie Wonder y otros músicos (que recoge una grabación no oficial llamada A toog and a snore in '74). Y fue apenas simbólico que Paul y Ringo colaborasen con Harrison para su tema All those years ago, en homenaje a Lennon tras su asesinato en 1980. Sin embargo, en 1995, el proyecto Anthology volvió a reunir en el estudio a los tres supervivientes junto a material inacabado de John, para un reencuentro de ultratumba que no acabó de convencer del todo. (Lee el artículo completo en El País).

lunes, 28 de octubre de 2013

Las etapas de The Beatles (5): Al final, solo una banda de rock & roll

Ocurría a menudo que, cuando otros trataban de seguir a los Beatles, estos ya estaban en otra cosa. En 1968 desconciertan a los recién llegados a la psicodelia: se quitan los disfraces de la banda del Sargento Pimienta y dejan de arroparse por orquestas, sitares y efectos sonoros. Se proponen ser solo una banda de rock & roll. Reaparecen con el álbum blanco (titulado simplemente The Beatles, sin ninguna imagen en portada, en contraste con el barroquismo de Sgt. Pepper's), toda una declaración de intenciones. Una treintena de bellas canciones casi desnudas, que se  trajeron del viaje a India, pero ya no suenan exóticas.
The Beatles se pasan al sonido más crudo que dominaría la década siguiente, los 70, en la que planeaban volver a tocar en directo. La tecnología había mejorado y el público ya no sería una masa histérica de fans, así que parecía una buena idea. Pero la banda está en descomposición. Hasta entonces el motor del grupo había sido la rivalidad entre Paul y John, cada uno queriendo superar al otro, tensión bien manejada por su manager Brian Epstein. Desde la muerte de este, es Paul McCartney el que toma las riendas del grupo y de su brazo empresarial. Lennon sigue aportando grandísimas canciones pero está cada vez menos implicado con la banda. Harrison está explotando como gran compositor y se rebela contra su rol de segundón. Hasta Ringo, en un berrinche, se ausenta de las sesiones del álbum blanco durante algunos días. (Lee aquí el artículo completo en El País).

lunes, 21 de octubre de 2013

Las etapas de The Beatles (4): Psicodelia, disfraces, sitar y LSD

No discutiremos aquí los peligros de las drogas ilegales, pero tendremos que reconocer que el contacto con el LSD coincidió con el mejor momento creativo de los Beatles, cuando dieron al mundo dos obras maestras como Revolver (1966) y Sgt. Pepper's Lonely Heart Club Band (1967). Fue John Rilley, el dentista de George Harrison, quien dio a probar esa droga en el café a los Beatles tras una cena en su casa en abril de 1965; repitieron la experiencia ese verano con Peter Fonda y miembros de los Byrds en Los Ángeles. Los de Liverpool paraban en una California en que se gestaba la contracultura hippy dos años antes de que explotara, en 1967, el llamado verano del amor y Occidente se llenara de pelos largos, flores en el pelo y buenrollismo.
Las canciones (y letras) de ese periodo se inspiraron en los viajes lisérgicos, en las alucinaciones y en la sensación de salir de uno mismo. Completó la ecuación el contacto con la música india, que aportó exotismo y cierta magia. Aunque Harrison vio por primera vez una banda india mientras rodaba Help!, fueron (otra vez) The Byrds los que dieron a conocer al tercer Beatle la música de un maestro del sitar, Ravi Shankar. Fascinado, George compró el instrumento y se citó con él en Londres. Shankar apenas le enseñó los rudimentos para hacer sonar esa especie de guitarra con dos decenas de cuerdas, pero George se atrevió a meterlo en el estudio de grabación.
Los Beatles estaban en lo más alto con sus discos, y retirados del directo, cuando falleció repentinamente su manager, Brian Epsten, en agosto de 1967. Son tiempos de desconcierto... (lee aquí el artículo completo de Ricardo de Querol en El País)

martes, 8 de octubre de 2013

Las etapas de The Beatles (3): En América, la enorme huella de Dylan, el chasco con Elvis

No llevaban ni un año en la primera fila. Volvían de actuar en París, ciudad en la que todavía podían salir a la calle. Sin embargo, cuando en febrero de 1964 The Beatles aterrizaron en Nueva York, miles de personas les recibieron en el aeropuerto, otras tantas les arroparon camino del hotel y a cada paso que daban una multitud les perseguía. Una llegada triunfal sin precedentes. Brian Epstein acertó en su estrategia: dio prioridad a copar los medios de comunicación. Entre febrero de 1964 y agosto de 1966, la banda hizo cuatro giras por Estados Unidos.
En el tercero de esos viajes se produjo el esperado encuentro con Elvis Presley, que para los de Liverpool era un ídolo. Fue en su residencia en Los Ángeles el 27 de agosto de 1965, sin cámaras aunque con todo el séquito del artista de Memphis. Se celebró una breve jam session que si se hubiera grabado valdría millones. Pero no hubo sintonía. Lennon dijo al salir: "No puede ser que ese tío fuera Elvis, era otra persona". Después, Presley escribió al presidente Nixon señalando a los Beatles como una mala influencia por sus simpatías izquierdistas y llamando a combatir "el elemento hippy". Sin embargo, también versionó sus canciones. Ya fallecido el rey, John dijo que Elvis había muerto el día que se alistó al Ejército (en 1958).
El encuentro que abrió los horizontes de The Beatles fue con Bob Dylan, quien fue a visitarles de la mano de un periodista a su hotel neoyorquino en agosto de 1964. Acabaron compartiendo confidencias y, es sabido, sustancias prohibidas. Después de conocer a Dylan (y a los Byrds, y a The Beach Boys), los Beatles se alejaron de la simplicidad de su pop inicial y ganaron en ambición. (Lee el artículo completo de Ricardo de Querol en El País)